El mundo sobre una pluma /Por Manuel Tiberio Bermúdez

Cada artista elige la superficie sobre la que quiere plasmar su creatividad: lienzo, madera, yeso, vidrio, cuero, metales etc. etc.

Pero hay quienes eligen superficies tan poco comunes que otros pintores no optarían para sus trabajos.

Tal es el caso de  Harold López, un contador caleño que desertó de los números hace más de 25 años.  Dejó de hablar de finanzas, de libros de contabilidad,  de los cortes mensuales y se decidió por el arte.

Su puesto en el Parque el Peñón, es uno de los más llamativos porque tiene una labor muy particular: pinta sobre plumas de aves. 

Desde niño sintió afecto por el dibujo. El dinero para los recreos lo obtenía de hacer los dibujos a sus compañeros: muchos bolívares, santaderes y otros próceres fueron sus primeros ejercicios de dibujo.  

“Mi madre apoyaba mi inquietud hacia el arte, pero mi padre era un hombre clásico que quería en su casa un ingeniero o un abogado, un contador, un economista o un médico y terminé matriculándome en Contaduría” –recuerda Harold-.  Ya graduado y en compañía de su hermano abrió  oficina y durante unos 16 años se  dedicaron a asesorar empresas.

Alguna vez realizó un viaje a Costa Rica. Durante la visita a una reserva indígena vio el trabajo de un Chamán, quien para sus curaciones pintaba imágenes sobre plumas.  “Hacia dibujos sobre plumas de aves  y luego las colocaba en el pecho del paciente según la enfermedad que padeciera. Así curaba a sus enfermos. Eran practicas milenarias en las que confiaban quienes se sometían a sus curaciones”.

“Yo vi el trabajo del Chaman pero me pareció muy elemental; era como figuras abstractas. Me decían que había pintado un águila, pero yo no veía el águila por parte alguna. Yo veía colores y algunos trazos hechos con pigmentos de plantas. Eso me llamó la atención y quedé intrigado con el asunto”.

Había visto un trabajo sobre plumas de un centroamericano, pero nunca lo vio  pintar. Se puso entonces a la tarea de investigar cómo se podía pintar sobre una pluma ya que hacía algún tiempo venía pintando acuarelas con alguna dignidad y el dibujo no le era ajeno.

De pluma en pluma…

“Yo vivía en Costa Rica en una casa en la que tenían muchas palomas y claro, dejaban mucha plumas por ahí. En esas plumas empecé a practicar el dibujo y obviamente se me dañaban pues son muy delicadas y yo no tenía una técnica que me permitiera prepararlas para que sirvieran de soporte a mis dibujos, todas se me despelucaban, se abrían”.

“Hice muchos experimentos hasta que fui adquiriendo un método: empezaba a pintar la pluma desde la vena central, hacia afuera siguiendo la dirección de la pluma. También aprendí, luego de mil ensayos, a darle unos puntos de amarre a la pluma mediante un pincel y acrílico bastante líquido. Pongo gotas y voy realizando una especie de bosquejo de lo que va a ser el dibujo que quiero pintar, utilizando el espacio de la pluma a los que denomino: puntos de amarre. Luego con un pincel muy fino voy perfeccionando el tema: lo otro ya es darle terminado a la pintura, detallarla.”

No regale su trabajo…

Pero luego que aprendió la técnica, se fue a Panamá, y  su pensamiento fue: ¿Y sí puedo vivir de esto?. Hizo cálculos: arriendo, alimentación, transporte….como que no daban las cuentas.

Una pluma de las que el pintaba en ese momento difícilmente podría venderla por 5 o 6 dólares y gastaba más de 20 dólares en su sustento diario. Debería, según cálculos, vender unas 10 plumas para que al menos algo le quedara. 

“Pero la suerte estaba de mi lado –rememora Harold- cerca al Canal de Panamá en una tienda compre cinco cuadritos chinos, les quité los marcos  y enmarqué unas plumas que tenía pintadas y me fui a la calle. Las exhibí para ver si lograba venderlas.  Era un almacén agáchese en Panamá”.

“Inicialmente me sentí como avergonzado pensaba en qué diría alguien que me conociera: que el contador, el caleño exitoso, estaba vendiendo plumitas en la calle”.

“Paso por mi puesto un miliar americano y me preguntó por el valor de cada cuadrito. Con mucho susto le dije que a ocho dólares la unidad. El hombre me miró y dijo: No señor; no regale su trabajo;  y me dio 100 dólares por todos los cuadritos. Me sentí rico y esa tarde me fui al cuarto en el que vivía, alegre y optimista”.

Aquel militar me invitó a que fuera al Fuerte Davis, que quedaba cerca a las exclusas de Miraflores,  y que llevará plumas pintadas. Me recibió en la portería y me ubicó a la entrada de un Casino de Oficiales y en menos de dos horas ya había vendido, al precio de 20 dólares,  los 10 cuadros que había llevado. Seguí yendo todos los domingos con gran éxito de ventas”.

El trabajo de Harold ha estado en constante evolución: los marcos, el papel que usa de fondo, las plumas que inicialmente eran de palomas y de gallina,  y no encontraba donde surtirse de plumas más llamativas de mejor calidad. Tuvo que convencer a los activistas en  favor de los animales que el hecho de trabajar con plumas no afectaba en nada a las aves ya que estás las mudan constantemente y por lo regular iban a parar a la basura.

En Panamá inicio una temática que era la de pintar sitios turísticos en las plumas. El  Canal de Panamá en una plumita no era nada fácil y eso quitaba mucho tiempo.

“Hice un cambio hacia los felinos, aves, temas complejos, de bastante colorido,  pero que no demandaban tanto tiempo”.

Tipos de plumas en los que ha pintado

En el parque El Peñon es uno de los puestos que más visitas recibe

La pluma más exótica sobre la que Harold ha pintado es sobre pluma de Cóndor. “Hace unos 19 años participe en una Feria  en Holguines Trade Center de la ciudad de Cali. Estaba recién llegado de Centro América y visite el Zoológico de Cali para surtirme de plumas. Logré que me entregaran cuatro plumas de Cóndor, mudadas por el animal por supuesto”.

“Estas plumas son espléndidas pues tienen unos 50 o 60  centímetros de largo, y tiene un ancho como de 20 centímetros. En esas plumas pinté: en una, la iglesia y la colina de San Antonio; en otra la iglesia de La Merced; en la tercera la Iglesia de La Ermita y en la cuarta, la Hacienda El Paraíso. Era como pintar sobre un gran lienzo. Logré vender aquellos trabajos a una sola personas por  100 mil pesos cada pluma, un precio irrisorio por la calidad de las plumas y de los marcos que tenían pero quedé satisfecho.”.

¿Qué dicen los otros artistas, los que utilizan lienzo para sus trabajos, respecto a lo que hace en las plumas?

“La verdad es que son muy pocos los que reconocen mi trabajo, muy pocos hablan de lo que hago, pocos me dan una palabra de reconocimiento a lo que pinto. Creo que lo consideran un arte menor, quizá por el soporte que uso para pintar, aunque yo también puedo hacer pinturas de gran formato me siento muy bien con lo que hago sobre las plumas. Y creo, que a diferencia de muchos, todos los días pinto y todos los días vendo”.

Sobre las personas que compran sus trabajos Harold señala que le compran desde los más humildes hasta personajes de la política; del mundo de la música: actores de cine, en fin a muchas personas les gusta lo que hace.

¿Cuál es la pluma más pequeña sobre la que ha pintado?

“Las torcacitas votan unas plumas cafecitas y pequeñitas. Sobre esas plumas yo pinto. Hay un ave que se llama Turpial y bota una pluma amarilla que no mide más de un centímetro de diámetro, es un amarillo hermoso. Sobre esa pluma yo pinto un colibrí esmeralda y se ve precioso,  lo vendo como un arete solitario para dama”.

Los felinos son los que mas gustan a los visitantes

¿Ha pintado sobre plumas de gallinazo?

“Si y son excelentes para pintar, pero la gente ha estigmatizado esta ave ya que la asocian a lo infeccioso etc. Pero son muy buenas plumas pero por respeto a la gente no las uso”.

¿Cuál es la pluma por la que debe de pagar más para pintar sobre ella?

“Recién llegue a Cali, así las personas supieran que iba a hacer con las plumas, me regalaban las que recogían. Hoy, me las venden. Donde compro no me dan oportunidad de escogerlas. Me entregan un paquete y me dicen que vale, por ejemplo,  cien mil pesos. Pago y cuando voy a revisarlas hay muchas en mal estado, que no sirven. También compro individuales, de Guacamayo, de Águila que puede costar 10 o 15 mil pesos. Pintar sobre esas plumas no me conviene mucho porque normalmente yo generalizo el precio. Así pinte un colibrí o un elefante, yo les pongo el mismo precio. Todos los separadores para los libros los vendo a 15 mil pesos”.

El mundo que le rodea le cabe en una pluma

¿Ha pintado alguna vez sobre un ave viva?

No. Una vez una señora tenía una gallina blanca, hermosa, me pidió que pintara alguna de sus plumas. Le explique que para poder pintar sobre las plumas de la gallina había que dormirla, y que yo no sabía hacerlo. ¿Y cómo hacer que una gallina se quede quieta? Así que le dije que definitivamente no. Lo que si pinté alguna vez fue un pollito, más fácil de tenerlo en la mano, pero a medida que fue creciendo la pintura se perdió”.

¿Sobre qué pluma quisiera poder pintar y que no lo ha logrado?

“Quisiera volver a pintar sobre una pluma de Cóndor. Como en el Zoológico me compran algunos productos para venderlos en la Zootienda, he recomendado que cuando el Cóndor mude de plumas que me las guarden…no se ha dado todavía. Deseo también pintar sobre una pluma de Águila Calva americana, pero en una pluma guía de alguna de sus alas ya que son grandes y hermosas”.

¿Sobre qué pluma no pintaría?

“La de avestruz, no porque no sea capaz sino que sobre ella no se puede pintar por su textura.”

¿Qué tema le gustaría pintar y que aún no lo ha hecho?

“Creo que he pintado de todo: retratos, sitios emblemáticos de ciudades; desnudos, felinos, caballos, pájaros, creo que he pintado de todo. Pero las personas compran más las pinturas de aves endémicas de nuestra región, los felinos, los caballos, lugares emblemáticos de la región y las mariposas. Las damas lo que más llevan son colibrís y mariposas”.

¿Qué piensa del dicho: “votó las plumas…?

Es un dicho de doble sentido. Pero de hecho algunos amigos cuando yo me disgustaba por algo,  me decían: votó las plumas haciendo referencia a mi oficio…

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