Cuarenta por detrás, cuarenta por delante

Por Martha Botero

—Señora, no se preocupe, eso es normal a su edad—dijo el médico en urgencias.

—¿A mi edad doctor?, pero si apenas estoy cumpliendo cuarenta años—dije yo, al borde de un colapso.

—El cuerpo humano es como los carros, se oxida con el tiempo—dijo el médico con mucha desfachatez y sin asomo de vergüenza.

Así fue como celebré mi cumpleaños número cuarenta, en la clínica y conectada a una bolsa de suero. No, precisamente,  a causa del guayabo de la fiesta de celebración. Con cocteles sí, pero de relajantes musculares, antiinflamatorios y Valium, para una lumbalgia causada, según el médico, por la “oxidación” de las vertebras lumbares, propia de la edad. Y como todo lo que empieza mal es susceptible de empeorar, apenas comenzaba el Vía Crucis.

A los pocos días empecé a darme cuenta, al principio con extrañeza y luego con preocupación, que la gente comenzaba a llamarme con el título de señora o doña. Y sí, yo también creía, como seguro muchos de ustedes, que esos títulos nobiliariosse nos adjudican por nuestra impecable figura inglesa, o porque inspiramos respeto y admiración. Pero no se engañen, después de un minucioso estudio me di cuenta que tan alta distinción se nos confiere única y exclusivamente porque nos hemos vuelto viejos. Cuando uno es joven, las personas mayores que uno y las contemporáneas lo llaman por el nombre o por el apodo. A media que se va envejeciendo, los que antes eran mayores hoy están muertos o ni lo reconocen, y sólo quedan los contemporáneos y una gran masa de gente menor (para los que somos unos cuchos)quienesnos aplican el horroroso título de don, doña, señor o señora.  Si en un día lo llaman más de cinco veces con alguna de esasetiquetasváyase preparando,porque muy pronto le vana realizar su primer examen de próstata o su primera mamografía. Y antes de lo que se imagina le van a decir “viejo verde” o “cuchibarbieatracacunas”.

Yo creía que los cuarenta años era la mejor etapa de la vida, como le hacen creer a uno en Vanidades yBuenhogar. De acuerdo con estas publicaciones es la edad en que la mujer combina con destrezala  madurez, la sabiduría y la experiencia adquiridas a través de la vida. Pero lo que no dicen estas revistas es que también con maestría y sin pausa se asocianlas dolencias óseo-musculares con la presbicia, la gastritis, el colón irritable y hasta las hemorroides.Empieza el Calvario de los exámenes de colesterol, triglicéridos, azúcar, tiroides, corazón, hígado y riñones, y un interminable Rosario de  prohibiciones.

Sin embargo, no todo es malo. A esta edad a uno ya no le importa, o al menos no debería importarle,lo  que la gente piense o diga de uno. Ver películas porno y decir que las vio. Hablar de sexo sin timidez y sin sentir que es pecado. No ir aentierros, matrimonios, bautizos ni fiestas de primera comunión por compromiso. En mi caso personal, la sabiduría que me confieren cuarenta años de errores me permite quedarme en mi casa un viernes por la noche viendo Dr. House, en vez de salir con cualquier espécimen del sexo opuesto.He eliminado sin remordimientos varios “amigos” de mi cuenta de Facebook, de mi libreta de teléfonos, de mi Messenger y de mi vida. Trato de no hacerle mal a nadie, pero no permito que me lo hagan a mí.

Es una época de análisis y reflexión, donde se evalúa lo que se ha hecho y lo que se ha dejado de hacer en estos años de recorrido. Aún hay tiempo de cambiar lo que no nos gusta, de ir en búsqueda de nuestros sueños. De encontrar la felicidad que está dentro de nosotros, pero que no la vemos por estar buscándola por fuera: en la pareja, el trabajo, los hijos, el dinero. Bucear hacía las profundidades de nuestro ser y descubrirnuestra esencia, nuestra divinidad. Mirar hacia delante con alegría y optimismo. No importa la edad que se tenga, mientras estemos en esta vida aún podemos renacer.

Mejor me voy a dormir porque ya parezco DeepakChopra.

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Martha Botero

Me llamo Martha Botero, soy caleña de nacimiento y pereirana de adopción. Estudié Administración de Empresas, carrera que nunca me gustó, pero para confirmar mi disgusto, no  fuera que luego me dijeran que no lo había intentado lo suficiente, realicé una Especialización en Mercadeo  y un MBA. Después de los cuales ratifiqué mi tedio. Sin embargo, trabajé durante varios años en mercadeo de productos de consumo masivo, hasta que un día decidí que el producto que iba a mercadear eran mis textos, y la marca Martha Botero.

Y aquí estoy, en la etapa de lanzamiento e introducción del producto, espero que no me suceda como al 90% de los nuevos productos, que mueren sin conocer la madurez.

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